Alimentación basada en plantas e impacto medioambiental

Julieta Salinas

Julieta Salinas

Nutricionista

Las transnacionales alimentarias y agrarias, impulsan la industrialización a lo largo de toda la cadena, desde el campo hasta la góndola del supermercado.

En este proceso no solo los humanos pasan a ser parte de una línea productiva, obteniendo de ellos la mayor cantidad de trabajo por la menor retribución posible, sino que los más afectados son los animales no humanos que son visto como un insumo más de una megaindustria.

Con esto se valida el maltrato y muerte sistemática de miles de animales todos los días alrededor del mundo.

Muchas veces se sitúan a los animales “de granja” en una posición donde ellos cumplen un servicio indispensable a la sociedad al ser los proveedores del alimento que esta necesita, pero es justamente ahí donde reside una de las mayores contradicciones y manipulación de la industria, ya que las personas no necesitamos comer animales para poder vivir. 

Esto sin considerar que de todos los antibióticos vendidos en los Estados Unidos, el 80% se venden para uso en agricultura animal, generando así, un ambiente de resistencia bacteriana sin precedentes, lo cual es una bomba de tiempo, para la manifestación de una nueva pandemia derivada del consumo de animales, como la gripe aviar, la gripe porcina o el mal de las vacas locas, todos derivados del consumo de animales. Y como no mencionar la actual pandemia de Covid-19, donde una de las teorías con más sustento indican una transferencia al ser humano por el consumo de animales silvestres en mercados húmedos en China.

Se debe tener en cuenta también, que al producir un kilo de legumbres se utilizan aproximadamente 50 litros de agua y para producir un kilo de carne de vacuno se necesitan alrededor de 13.000 litros. O que el ganado consume cerca de un tercio de la producción mundial de cereales. Esto en un contexto, las poblaciones globales de peces, aves, mamíferos, anfibios y reptiles disminuyeron en promedio un 60% entre 1970 y 2014, el año más reciente con datos disponibles. La región de América del Sur y Centroamérica ha sufrido la disminución más dramática: 89% de pérdida en las poblaciones de vertebrados en los últimos 44 años.

Especismo es discriminar a los animales por considerarlos especies inferiores o la creencia según la cual el ser humano es superior al resto de los animales, y por ello poder utilizarlos en beneficio propio, una creencia que se refleja en una conducta aprendida. Replantea tu programación y elige a conciencia.

Hoy más que nunca es importante, analizar los patrones de conducta que hemos heredado y repetido sin reflexionar si esto era realmente coherente y lo mejor considerando todos los aspectos de nuestra existencia, considerando que hoy gran parte de los científicos de diversas disciplinas planean una salud planetaria, donde el bienestar de todas las especies está interrelacionado. 

La Planetary Health Alliance, es una agrupación de más de 130 universidades, ONG, institutos de investigación y otras entidades gubernamentales de más de 30 países comprometidas con la salud planetaria (la salud humana en el medio donde vivimos). Como dice la “Declaration Calling for Family Doctors of the World to Act on Planetary Health”, publicada recientemente por WONCA, el cambio climático altera la salud de manera directa o indirecta. El aumento de la temperatura del planeta, los cambios en el terreno, las alteraciones de los ecosistemas o el empeoramiento de la calidad del aire se han relacionado con enfermedades transmisibles (zika y dengue, entre otras) y no transmisibles (enfermedades cardiovasculares, problemas respiratorios o de salud mental).

Campos, animales y praderas: las imágenes en los empaques de los alimentos nos hacen pensar en una agricultura campesina, en un oficio tradicional y en una naturaleza intacta. Sin embargo, esto no tiene nada que ver con el modelo agroexportador y la producción industrial de alimentos. Es así como las trasnacionales han tomado estas imágenes tan arraigadas en un plano emocional para promover sus productos y con esto modificar nuestras formas de interactuar con los alimentos.

La imagen tradicional de agricultura hace sentir bien y tranquiliza a los clientes. Poco se sabe de que gran parte del sector alimentario se reparte entre pocas trasnacionales, y la tendencia hacia la concentración del poder seguirá aumentando si no hacemos algo para cambiarlo. Compras recientes, como las de Monsanto por parte de Bayer, o la presencia de Walmart en muchos países del planeta, son prueba del gran interés económico que despierta la industria alimentaria. 

Cuando un conglomerado tiene mucho poder en el mercado, también se traduce a una gran influencia en la configuración política, y con esto un importante peso en las decisiones en cuanto a políticas públicas. Al mismo tiempo, al tener el eje principal en maximizar la productividad y la ganancia económica los más afectados son lxs trabajadores y la tierra; con la pérdida de suelos fértiles y de la biodiversidad, la eutrofización (fertilización excesiva) de los océanos y los ríos o la emisión de gases dañinos para la atmósfera. Esto es un gran dilema, ya que al tener influencia en lo político-legislativo, no se pueden fijar límites que aseguren el bienestar de las personas y el medioambiente si esto significa una disminución de las ganancias económicas de estas empresas, todo esto con una mirada muy cortoplacista.

En la actualidad sólo unas pocas trasnacionales globales definen las grandes tendencias en la agricultura y el consumo de alimentos.

Muchas trasnacionales que hoy son empresas líderes ya se encontraban entre las fundadoras del sistema moderno: Cargill, Deere, Unilever, Nestlé, McDonald’s y Coca-Cola.  A partir de la década de los 80 a partir de la introducción de la biotecnología, han surgido nuevos actores globales como Monsanto, ChemChina y Cofco. Al mismo tiempo, la revolución digital con el Big Data y los vehículos inteligentes hacen que la agricultura y el comercio minorista de alimentos sean atractivos para IBM, Microsoft y Amazon. Se abre la industria aún más al capital por sobre el bienestar humano o ecológico, con consecuencias desconocidas para el planeta.

El sector alimentario, que hasta ahora ha asumido poca responsabilidad por las consecuencias de su actuar económico fuera de las empresas, tendrá que enfrentarse a temas del hambre, el cambio climático, el desperdicio y la sostenibilidad, la enfermedad y la salud, el derecho y la injusticia. Estos problemas se han hecho visibles gracias a movimientos sociales, convenciones internacionales y organizaciones de la sociedad civil, que están ejerciendo una presión enorme y demandan otros patrones de producción, otras campañas publicitarias y otras prácticas de compra por parte de las transnacionales globales, diferentes a los que eran usuales en las décadas anteriores. 

Contar con una producción agrícola cuyos objetivos están centrados sólo en maximizar la cosecha, sin medir las externalidades trae consecuencias nefastas para la sociedad. Esta dinámica solamente enfocada en los rendimientos han llevado a una disminución significativa en las concentraciones de nutrientes en los últimos 50-70 años, lo cual es muy preocupante ya que contamos con las vitaminas, minerales, proteínas y compuestos bioactivos en nuestra comida, para prevenir enfermedades.

Una evaluación de las concentraciones de nutrientes de 43 cultivos, principalmente frutas y verduras, desde 1950 hasta 1999 reveló una disminución en la mayoría de los nutrientes. Seis nutrientes clave: proteínas, Ca, P, Fe, riboflavina y vitamina C, disminuyeron significativamente entre 6% a 38% .El mismo estudio también reveló mayor agua y concentraciones de carbohidratos en nuestra comida.

Si bien los rendimientos de grano se han más que duplicado en este período de tiempo, las concentraciones de proteína de grano han disminuido significativamente: trigo, arroz y cebada hasta 30%, 18% y 50% respectivamente. Esto sugiere un «efecto de dilución», una relación inversa entre rendimientos y un nutriente medido. Tal efecto es motivo de preocupación, ya que más de la mitad de la población mundial sufre de desnutrición de nutrientes críticos para mantener una adecuada salud, y los granos y preparaciones derivadas constituyen una porción significativa de muchas dietas.

Considerando que salud se ve influenciada  por los hábitos de vida (43%), la biología humana (27%), el medio ambiente (19%) y el sistema de salud (11%), podemos derribar la creencia errónea de que nuestra salud depende de más hospitales o disponibilidad de fármacos. Si queremos tener una vida plena debemos empezar por nuestro hábitos y cuidar nuestro cuerpo y nuestra mente, pero también el medio ambiente que nos rodea. 

Reflexiona respecto a tus patrones alimentarios, un estudio realizado por científicos y expertos de más de 16 países de diferentes áreas de la sociedad, llegaron a la conclusión de que la dieta que cubre mejor nuestros requerimientos nutricionales para una mejor salud, junto con asegurar la sustentabilidad en el ecosistema con una menor pérdida de biodiversidad, es la dieta vegana y vegetariana. Prefiere una dieta basada en plantas; en su mayoría alimentos naturales, de temporada, locales y averigua su producción, apoya la agricultura familiar campesina de producción limpia, regenerativa, agroecológica u orgánica.

  1. Atlas del Agronegocio, Datos y hechos sobre la industria agrícola y de alimentos. Fundación Heinrich Boll, 2018, p 6-12.

  2. Martin, Michael J., Sapna E. Thottathil, and Thomas B. Newman. “Antibiotics overuse in animal agriculture: a call to action for health care providers.”(2015): 2409-2410.

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  12. Davis, D.R., Declining fruit and vegetable nutrient composition: What is the evidence? HortScience, 2009. 44(1): p. 15-19.

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