Autocuidado y salud activa

Denipse Toro

Enfermera Universitaria

Si nos basamos en la teoría de las catorce necesidades básicas de Virginia Henderson, la necesidad de alimentación representa el segundo lugar en esta lista, esto quiere decir que es el punto más importante después de la necesidad de respirar.

En un individuo enfermo se utilizan estas necesidades para valorar el estado y evolución de dicho paciente, pero en un individuo sano representan una iniciativa para buscar el bienestar deseado.

Si la necesidad de alimentación se ve alterada o sometida a cambios negativos se genera un déficit en el autocuidado, relacionado con hábitos, costumbres y actitudes que tenemos frente a nosotros mismos.

Cuando descuidamos nuestra alimentación, por causas como la falta de apetito, falta de tiempo o simplemente por desinterés, esto trae como consecuencia alteración en los patrones de sueño y cambios de ánimo, generando desequilibrio en nuestra salud física y mental.

Desde este punto de vista, el autocuidado es una estrategia fundamental para influir positivamente en la protección de la salud y prevención de enfermedades.

Dicho esto, la alimentación cumple un rol muy importante al momento de cultivar una rutina de cuidado personal constante y es necesario que nos preguntemos “qué necesito y qué no” para comenzar a reconocer que nosotros somos responsables de nuestro propio bienestar, y llegar a un balance sostenible y saludable con nuestro cuerpo.

Cuando comenzamos a centrarnos en nuestras necesidades entramos en un proceso de conocimiento personal, descubrir nuestros gustos y capacidades, experimentar nuevos cambios y procesos, nos ayuda a entendernos y poder proyectar sólo lo mejor de mí mismo.

Es esencial mejorar progresivamente todos los aspectos que conforman el autocuidado: emocional, físico, intelectual, espiritual y social. Para conseguirlo debemos comenzar por la alimentación, ya que si esta es adecuada se reflejará en las emociones y organismo, esto mejorará el rendimiento físico e intelectual, favoreciendo y conectándote con tus valores y relaciones sociales, este equilibrio nos ayudará a mantener una salud activa, es decir, tomar la iniciativa antes de que la enfermedad nos visite.

Prácticas que pueden favorecer nuestro proceso autocuidado y salud activa:
  • Alimentación basada en plantas
  • Involucrarse en la elaboración y cultivo de nuestro alimento
  • Manejo de estrés
  • Resolución de problemas interpersonales
  • Ejercicio y actividad física
  • Control y reducción del uso de medicamentos

El autocuidado también es un hábito y es único para cada persona, mi plan de autocuidado no será igual al de otro, ya que debe adaptarse a mis necesidades.

Debe ser un proceso respetuoso, abordado paso a paso, generando cambios  y decisiones que podamos tomar para comenzar a cuidarnos mejor, para esto, el tiempo que invierto en mí mismo debe ser prioritario, incluso si siento que no tengo tiempo para hacer algo más.

No es egoísta destinar tiempo para uno mismo, cuando cubrimos cada necesidad y nos preocupamos de cada aspecto de nosotros mismos, comenzamos a actuar de manera más efectiva y eficiente, provocando un impacto positivo en nuestro entorno.